martes, 4 de agosto de 2015

La próxima guerra.

La próxima guerra.

Rusia solicita a la ONU ampliar sus fronteras en el Ártico



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Rusia presentó a la ONU la solicitud revisada de la ampliación de las fronteras de la plataforma continental del Ártico con la incorporación de la cresta Lomonósov y otras formaciones de naturaleza continental.

"La Solicitud parcialmente revisada de Rusia para el establecimiento de la frontera externa de la plataforma continental en el océano Glacial Ártico parte de la comprensión científica que las partes componentes del Complejo de las elevaciones del Centro del Ártico y concretamente la cresta de Lomonósov, las elevaciones de Mendeléev-Alfa y Chukotia y las simas Podvóniki y Chukotia, son formaciones de naturaleza continental", señala la solicitud presentada por Rusia a la Comisión de la ONU sobre las fronteras de la plataforma continental.

Desde 2001 Rusia ha hecho patente sus aspiraciones respecto a esta parte de la plataforma continental rica en hidrocarburos, que incluye las crestas de Lomonósov y Mendeléev, sin embargo esta solicitud fue rechazada anteriormente debido a la insuficiente información.

En correspondencia con la Convención de la ONU sobre derecho marítimo de 1982 los Estados marítimos tienen derecho a establecer una zona de exclusividad económica de un ancho de 200 millas desde la línea del litoral.





En caso de que la plataforma continental salga fuera de esas fronteras el país puede ampliar la frontera hasta 350 millas.

El Estado obtiene el control de los recursos ubicados en esta zona, incluyendo los hidrocarburos.

La solicitud rusa destaca que las citadas zonas del fondo oceánico son componentes naturales de la formación continental, a las cuales, de acuerdo al inciso 6 del artículo 76 de la Convención de la ONU sobre derecho marítimo "no se aplica el límite de las 350 millas marítimas a partir de la línea costera".

Adjunta a la solicitud viene la descripción de las coordenadas de los objetos geográficos y las distancias calculadas.

En caso de que los científicos logren demostrar que estas crestas son una continuación de la plataforma continental de Rusia, el país tendrá prioridad para la prospección de estos recursos, cuyos volúmenes, según datos del Ministerio de la Naturaleza, podrían ascender hasta los 5.000 millones de toneladas de petróleo.

En diciembre de 2014 Dinamarca y su territorio autónomo de Groenlandia presentaron ante la ONU una solicitud para la determinación de las fronteras extensas de su plataforma continental en el océano Glacial Ártico, pretendiendo de tal modo, a una superficie de casi 900 kilómetros cuadrados del Ártico.

Además de Rusia y Dinamarca (Groenlandia), también EEUU, Canadá y Noruega disponen de sectores en el Ártico.

Fuente: Sputnik

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¿Por qué una novela sobre la guerra con China tiene preocupado al Pentágono?



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Al mostrar hacia dónde se dirigen las cosas, a la vez de indicar cómo acontecieron problemas similares en el pasado, "Ghost Fleet" es capaz de crear una imagen más completa de las amenazas reales que enfrenta Estados Unidos y el mundo de hoy.

P.W. Singer habla en el Foro Actual de Estrategia Marina estadounidense sobre las lecciones al mundo real de la novela, "Ghost Fleet" (Flota fantasma). El Pentágono y la defensa contra los comunistas están discutiendo el libro, que detalla una realista guerra entre Estados Unidos, China y Rusia. (Ghostfleetbook.com)

La historia pudo ser diferente si los líderes mundiales hubieran escuchado las advertencias de un autor en 1914. Los problemas que el mundo pronto enfrentará fueron detallados por el señor Arthur Conan Doyle, creador del detective de ficción Sherlock Holmes, en su corta historia "¡Peligro!" sólo 18 meses antes de la Primera Guerra Mundial.

Doyle presentó una guerra ficticia en donde un país imaginario lucha y derrota a Gran Bretaña. La herramienta que hizo esto posible fue el submarino, que en su momento apenas se estaba convirtiendo en un arma práctica. Poco después, el submarino alemán se convirtió en una de las armas más peligrosas de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Ahora, un libro acerca de una guerra ficticia entre Estados Unidos, China y Rusia está adoptando un enfoque similar. Y ya está recibiendo una sorprendente cantidad de atención por parte del Pentágono y de la comunidad de defensa.

Al igual que la advertencia de Doyle, "Ghost Fleet: una novela de la próxima guerra mundial", por P.W Singer y August Cole, no es del todo ficticia. Ésta se establece en la década del 2020, toma las armas, los recortes presupuestarios y las estrategias que están surgiendo en el mundo actual, y muestra hacia dónde podría estar dirigiéndose la situación en cinco años.

"Estamos viendo la aparición de una serie de tecnología que fue hasta hace poco ciencia ficción", dijo Singer, en una entrevista telefónica.





Guerra del mañana

"Ghost Fleet" resalta algunas de las armas emergentes del mundo de hoy que probablemente darán forma a las guerras del mañana, desde la guerra cibernética hasta aviones teledirigidos y desde la inteligencia artificial a la realidad virtual. Y al igual que la advertencia de Doyle a Gran Bretaña, advierte igualmente que Estados Unidos tal vez no estaría preparado.

Los autores conocen bien el tema. Singer es un estratega de la Fundación de las Américas y escribe sobre armas chinas emergentes para el blog "Arsenal del Este" en Popular Science. Cole es un ex reportero de defensa para el Wall Street Journal.

Es en parte debido a la experiencia de Singer y de Cole que la novela está siendo tomada como algo más que entretenimiento.

Giras de conferencias para el libro incluyeron presentaciones a 600 oficiales navales graduados de la Escuela de Guerra Naval, y discusiones a pequeña escala con gente en el Pentágono, además de las personas habituales en los medios de comunicación.

Entre la publicidad sobre el libro está la del almirante Jonathan Greenert, Jefe de Operaciones Navales de Estados Unidos, que lo calificó como "un libro apasionante … de reflexión, estratégico y relevante".

El ex comandante supremo aliado de la OTAN, el almirante James Stavridis, escribe que es "un modelo sorprendente para las guerras del futuro y por lo tanto necesita ser leído ¡ahora!"

Los autores plantean varias preguntas importantes: ¿Qué sucede si el régimen chino logra establecer el renminbi como moneda de reserva? ¿Qué sucede cuando el mercado de las energías alternativas crece, y el régimen chino controla las tierras de estos minerales raros en el mundo? ¿Qué sucede cuando su estilo de diplomacia sigue propagándose?

Lo más significativo, el libro también muestra cómo luciría una guerra con el régimen chino, con sus estrategias construidas alrededor de las armas y un acercamiento a la guerra que aún obtiene poca atención en Occidente.

Es el tipo de libro destinado a sacudir a los lectores, sobre todo a los que están familiarizados con las estrategias de los proyectos chinos, con la dura verdad de que sí podrían hacer esto y no estaríamos preparados.

Los autores también hicieron sus investigaciones. "Ghost Fleet" tiene 374 notas finales sobre tecnología emergente y las tendencias que fundamentan la historia en la dura realidad.

Singer dijo que el libro es un "choque entre la ficción y la no ficción" que "utiliza la ficción para explorar la tecnología y los asuntos en el mundo real".

"En verdad a la gente le está gustando, es para leerlo en una playa de verano, está obteniendo comentarios agradables como novela", dijo. "Pero muchos de los oficiales militares lo encontraron útil, poderoso, e ilustrativo".

Predicciones precisas

"Ghost Fleet" vio desplegarse algunas de sus predicciones. El libro empieza con una escena en la que un avión de vigilancia Poseidón P-8 es airadamente advertido por un oficial militar chino a través de la radio, lo cual Singer menciona que fue escrito hace 18 meses.

En marzo, pasó una escena similar. La Marina de EE.UU. voló un avión P-8 Poseidón sobre el Fiery Cross Reef en el Mar Meridional de China. Un oficial militar chino por la radio y airadamente les advirtió que salieran.

Singer dijo que el acontecimiento fue agridulce. Mientras que se alegra de que la predicción en el libro fue exacta, no es una tendencia que a él y a Cole les gustaría ver a partir de una novela sobre la Tercera Guerra Mundial.

Pero esta es la razón por la que Singer quería escribir "Ghost Fleet". Mientras que por un lado es una obra destinada a entretener, por el otro es una advertencia a los líderes estadounidenses de los desarrollos militares en China diseñados para ganar una guerra contra Estados Unidos.

Parte de esto es el programa del régimen chino "Assassins Mace", que está diseñado para luchar contra un adversario tecnológicamente superior. El programa incluye guerra cibernética, guerra espacial y otros sistemas que podrían inhabilitar la capacidad de combate de las fuerzas armadas estadounidenses.

"Utilizamos la frase guerra asimétrica para referirnos a la gente que va detrás de nuestras debilidades", dijo Singer. "Assassin Mace, convierte la fortaleza en debilidad".

Señaló que, mientras muchos expertos están llamando a la supuesta violación de China en la Oficina de Administración de Personal el "​​Pearl Harbor cibernético", la violación no es nada comparado con cómo se vería un ciberataque militar real y la novela muestra ese tipo de ataque en detalle muy realista.

Tal ataque dijo Singer, podría moverse muy rápidamente a una guerra más allá de las fronteras, y entre los países de naciones rivales "en maneras que nunca hemos visto antes".

Lecciones de la historia

El enfoque no es sólo en el aspecto militar. También disipa algunas de las nociones comunes de que el comercio y la diplomacia entre Estados Unidos y China evitarían un conflicto real.

Si bien muchos expertos dicen que Estados Unidos y China están involucrados en una guerra fría, Singer señala que hay muchas diferencias con respecto a las relaciones que Estados Unidos tuvo con la Unión Soviética.

En particular, dijo, "Estados Unidos no tuvo esta relación comercial con la Unión Soviética".

Sin embargo, si la historia se tiene en cuenta, tales vínculos pueden significar poco. Singer dijo, "Francia y Alemania fueron los más grandes socios comerciales, pero aun así fueron a la guerra".

Dijo que si bien "Ghost Fleet" es un libro sobre el futuro, "también es un libro sobre el pasado".

Al mostrar hacia dónde se dirigen las cosas, a la vez de indicar cómo acontecieron problemas similares en el pasado, "Ghost Fleet" es capaz de crear una imagen más completa de las amenazas reales que enfrenta Estados Unidos y el mundo de hoy.

Fuente: La Gran Epoca

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Obama autoriza los ataques contra el Estado Islámico en Siria



Las fuerzas armadas estadounidenses apoyarán a los rebeldes sirios, adiestrados y equipados por el Pentágono.

El presidente estadounidense, Barack Obama, autorizó a las fuerzas norteamericanas a realizar ataques aéreos en defensa de los grupos rebeldes sirios adiestrados por el Pentágono en el marco de su estrategia contra el Estado Islámico, aunque quienes los ataquen sean las fuerzas del régimen del presidente de Siria, Bashar al Assad.

La decisión de autorizar ataques aéreos en apoyo de las fuerzas contra el EI, escribió el Wall Street Journal, llega al término de un debate de un mes y aumenta el riesgo de un enfrentamiento directo con el régimen en el poder en Damasco.

Estados Unidos adiestró y equipó a estos grupos para que combatan contra el Estado Islámico.

Alistaur Baskey, portavoz del Consejo para la Seguridad Nacional de la Casa Blanca, no quiso comentar las nuevas reglas, indicó el Wall Street Journal, pero subrayó que la administración puso en claro que dará "los pasos necesarios para hacer de modo que estas fuerzas puedan realizar con éxito su misión".

Fuente: El País





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Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK



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por Thierry Meyssan

La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…

Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando

Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.





Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom cuando el comandante de este último entró en rebelión.

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli.

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.

La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse.

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja "al borde de la carretera". Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoducto Turkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
- a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
- a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil

Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.

Fuente: Voltairenet

Fuente: www.laproximaguerra.com
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